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Hay mucho que consideras normal, pero no debería serlo.

  • Foto del escritor: Mario Vargas
    Mario Vargas
  • 9 jun
  • 1 min de lectura

No todos los problemas empresariales desaparecen con el tiempo. Algunos simplemente se vuelven familiares. Cuando una situación se repite durante meses o años, las personas dejan de verla como una anomalía y comienzan a considerarla parte natural de la operación.

Retrasos constantes, rotación de personal, errores recurrentes o márgenes reducidos suelen iniciar como señales de alerta. Sin embargo, cuando la organización aprende a convivir con ellos, deja de cuestionarlos. El problema sigue existiendo, pero ya no recibe la atención necesaria para ser resuelto.

Esta normalización del caos es una de las formas más peligrosas de inmunidad al discurso. Cada nueva recomendación, diagnóstico o propuesta de mejora se encuentra con una respuesta implícita: "Siempre ha sido así". Y cuando algo se vuelve normal, deja de generar urgencia de cambio.

Las empresas crecen cuando conservan la capacidad de cuestionar aquello que todos consideran normal. Porque lo que no se cuestiona, no se mejora. Y lo que se normaliza, termina perpetuándose.

 
 
 

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