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Hoy se me quedan en casa... trabajando, claro.

  • Foto del escritor: Mario Vargas
    Mario Vargas
  • 22 jun
  • 1 min de lectura

Para que una ciudad siga funcionando durante un evento masivo, el gobierno tuvo que hacer algo poco habitual: suspender clases, flexibilizar horarios y mover parte del trabajo fuera de la oficina.

La medida se presentó como una respuesta de movilidad por el Mundial. Pero también dejó al descubierto una pregunta empresarial mucho más interesante.

¿Qué tan preparada está una empresa para operar cuando la rutina de la ciudad cambia?

Porque cuando el tráfico, los cierres, los eventos o las concentraciones masivas alteran la jornada normal, no todas las organizaciones reaccionan igual. Algunas ajustan horarios, redistribuyen tareas, mantienen la comunicación y siguen avanzando. Otras se frenan en cuanto el esquema presencial deja de funcionar como siempre.

Y ahí aparece el verdadero problema: no siempre se trata de productividad, compromiso o disciplina. A veces se trata de estructura.

Una empresa que solo puede operar si todos están físicamente, al mismo tiempo y en el mismo lugar, no necesariamente es una empresa sólida. Muchas veces es una empresa rígida.

Cuéntame:

Si mañana la ciudad obliga a cambiar la rutina de tu gente, ¿tu empresa podría reorganizarse… o se detendría con ella?

 
 
 

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